¡No me traigas a “ese” a casa!

María José Rodrigo, Catedrática de la Universidad de La Laguna y directora del programa 'Educar en Positivo', reflexiona sobre los amigos que tienen los hijos o hijas en la preadolescencia y adolescencia. Cada vez nuestra figura de madre o de padre nos parece que se va desdibujando y que nuestros hijos no nos necesitan ya que atienden más lo que dicen sus amigos que lo que le decimos nosotros.

texto alternativoEscuchamos con preocupación a los expertos que señalan que la mayor parte de los comportamientos arriesgados que se producen a estas edades se llevan a cabo en presencia de amigos o compañeros. Las chicas no le van a la zaga ya que en la actualidad practican comportamientos de riesgo tan a menudo como los chicos. Nuestra respuesta puede ser la de restringir esas malas amistades o incluso prohibir que nos las traigan a casa. De este modo nos aseguraremos de que nos guarden rencor y nos engañen en cuanto que puedan. O, por el contrario, podemos optar por resignarnos y cruzar los dedos para que no les pase nada y desear que nuestros hijos e hijas se acaben alejando de estas supuestas amistades. Pero claro, esta decisión puede conllevar a la larga que se queden solos, fuera de los círculos de amistad y que ya nadie cuente con ellos. Ninguna decisión parece pues que tenga consecuencias deseables.

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