Pablo se rebela contra la violencia

Un niño de Puerto de la Cruz denuncia en una carta el comportamiento agresivo de los padres en los campos de juego. Pablo no llega a entender cómo unas personas adultas acuden a un recinto deportivo a increpar y pelear con otros en un partido de niños. La única explicación que encuentra, apunta el joven portuense, es que esta gente "viene al campo a desahogarse de los problemas que tienen en su vida"

texto alternativoEl juego debe ser una actividad, no solo lúdica, sino también fuente de enseñanza-aprendizaje, en tanto en cuanto, jugar en equipos ayuda a fomentar valores necesarios para la convivencia social, asumiendo la existencia de normas de comportamiento, el trabajo en equipo, compañerismo, cooperación y un largo etcétera. Sin embargo, en ocasiones, como la relatada por el joven Pablo, el juego se convierte en una lucha entre bandos sin importar los sentimientos y emociones de los pequeños, generando en ellos toda la responsabilidad del éxito o el fracaso. Esta violencia, tanto simbólica como verbal, perjudica el desarrollo pleno de los niños y niñas al sentir la necesidad de competir contra todos los demás y sentirse aislados y presionados. El fútbol es un juego más y ganar o perder no se traduce en éxito o fracaso, sino en aprendizaje y experiencia.

You have no rights to post comments